
Hoy conté mis tristezas de nuevo. Me gusta contarlas los días nublados. Las sako de mi alma y las extiendo kon cuidado sobre la cama. Hablo kon ellas, las acaricio, las arropo en mi pecho, las lavo kon mis lágrimas y, horas después, vuelvo a guardarlas dentro de mí. Algunas son muy viejas, sabias y tiernas. otras, más jóvenes, aún mantienen la rebeldía y el orgullo ke les impide desaparecer. Las viejas no duelen… se limitan simplemente a akurrucarse a un lado del corazón, dejando ke el tiempo pase apenas sin moverse, entre suspiros de rutina y lentos parpadeos. Las jóvenes son las ke duelen. Las ke arañan y pelean. Las ke empujan y golpean. Las ke keman las entrañas y ahogan la risa. Las ke matan las ilusiones y alimentan las soledades. Las ke llenan de ausencias las noches y de lágrimas los días. Las ke tienen nombres propios ke los labios no se atreven a pronunciar. Hoy volví a contar mis tristezas y descubrí ke ha muerto una. No pude encontrar la tuya, la ke me arañaba el corazón y me envolvía de nostalgia. La ke traía insomnio a las noches y llenaba de vacío mi vida. Tu tristeza ha muerto en silencio, con un dolor callado y kebradizo, dejando tan solo la huella de unas uñas en una curva del corazón. Ha muerto tu tristeza antes de llegar a vieja.
1 comentario:
Sólo puedo decir que me encanta cómo escribes...suena tan sincero. Quizás es sólo mi parecer, pero me gusta.
Insisto, no debes preocuparte, las cosas deben salir bien en algún momento y será en el momento preciso.
Publicar un comentario